—Y yo no estoy dispuesta a soportar uno más de tus insultos —la encaro soltándome del agarre seguro de Nina—. Estoy tan cansada de que vivas juzgando cada maldita cosa que hago. ¿Desde cuándo estos arranques, madre? Si hasta hace nada te importaba tan poco lo que hiciera.
Su postura se mantiene estoica, inalterable y me atenaza el impulso de decir algo hiriente para hacerla perder la compostura como la vez que me golpeo en casa.
—Y sigue importándome poco, Gigi —sus ojos demuestran una chispa b