— ¿Estarás bien, princesita?
Miro a mi lado Kenneth, sentado en el asiento de piloto de su auto; suelto el cinturón de seguridad, ya hemos llegado a la sede de la casa de moda Krantz.
—Eso espero, ángel —le tomo la mano que reposa en la palanca de cambios; sonrío—. Ya estoy acostumbrada a lidiar con la furia y el pésimo humor de mi madre.
Alza su mano y la enlaza con la mía, llevando nuestras manos unidas hasta la altura de su boca donde me besa con delicadeza los nudillos mientras me mira con