Un camino delimitado por antorchas encendidas es lo primero que veo y ya con eso estoy más que sorprendida. Miro a Kenneth junto a mí, él sonríe y con un movimiento de cabeza me invita a recorrer los cortos trayectos juntos, abrazados. Mi pecho vibra con las palpitaciones de mi corazón y mis ojos pican con lágrimas de pura emoción. Quiero gritar de emoción. Cuando el sendero de antorchas llega a su fin, nos recibe una pequeña churuata cubierta de sábanas blancas que ondean con el viento y dentr