—Estas muy callada, princesita. ¿Te sucede algo?
Mantengo mi vista en el paisaje nocturno que se difumina en el cristal del auto debido a la velocidad con la que Kenneth conduce su auto.
—A personas como yo siempre nos suceden cosas —lo miro de reojo y suspiro—. Estoy bien, solo un poco cansada —admito con voz pausada.
—Si quieres podemos dejar esta salida para otro día —me mira cuando el auto se detiene en un semáforo en rojo—. Puedo entender que estés cansada.
Sonrió y niego con la cabeza.
—D