—¡Suéltame! —La voz déspota de la mujer me toma por sorpresa, pero no me dejo amedrentar y no la suelto, le sostengo la mirada.
—¿Qué pasa, mamá?
Una voz femenina con un acento extraño me hace desviar la mirada. Una chica bastante guapa se acerca a nosotras, con paso decidido y una expresión de sorpresa. No puede terminar la frase cuando se detiene, frunce el ceño y acomoda un mechón de su cabello rubio detrás de la oreja.
Como una autómata me alejo de ambas mujeres, tragando en seco. Exhalo des