María Dolores presionaba la mano de Alex, su corazón retumbaba con cada paso que daba, cuando ingresaron a la oficina del investigador inhaló profundo, y cerró sus ojos por segundos, orando porque fueran buenas noticias.
—¿Qué novedades tiene inspector? —averiguó Alejandro, también ansioso.
—Señor Vidal —expuso con voz ronca el agente—, tomen asiento —solicitó mirando con profunda seriedad a ambos.
Alex abrió una silla para que Lolita tomara asiento, y luego lo hizo él. María Dolores entrela