Afuera, todo era carreras y desconcierto. A pesar del fantástico despliegue de seguridad, el hombre se les había escurrido como agua entre los dedos. Los líderes tragaban grueso pensando en cómo evitar enfrentarse a Tiberius y decirle que habían fracasado.
–Señor Wellington –habló el de mayor rango.
–Si no vas a decirme que lo atraparon, ahórrate las palabras. Resulta que cualquiera llama, se identifica como su jefe y con eso basta para que rompan el cuadro establecido.