Las luces de la mañana comenzaron a filtrarse por las ventanas de la habitación, Ignacio se desperezó y se sentó en la cama, mirando hacia el lugar donde estaba Evana; observó su rostro sereno, la encontró hermosa y, una vez más, se recriminó por no haberla conservado a su lado.
“Supongo que ese será mi tormento por el resto de mis días, reclamarme mentalmente por no amarte desde antes como merecías; por haber preferido un lindo cascarón vacío antes de ti; por no apreciarme lo suficiente para s