Ignacio jamás sabría todo lo que estaba provocando con sus palabras y su cercanía en la humanidad de Evana, quien hacía su máximo esfuerzo por controlar su cuerpo, al respirar olía el aroma a jabón de su cuerpo, había sentido el calor de su mano al retirar el mechón de cabello de su rostro y ahora hablándole en susurros era una gran batalla contra ella misma la que le estaba obligando a luchar.
Casi se delata al contener la respiración porque él se acercó demasiado, presintió que la besaría, pe