Mientras, Tiberius despertaba con la sensación de no haber dormido ya que su sueño fue inquieto con imágenes que consideró perturbadoras entre Raffaella y Sergio, las cuales quería olvidar definitivamente, tomó una ducha fría para despejar su mente y, luego de un desayuno que tomó sin muchas ganas, abrió su laptop, necesitaba ocuparse en algo desesperadamente.
Ignacio, por su parte, sentía un nuevo impulso en su humanidad, sonreía al pensar en la complicidad de sus hijos quienes le habían dado