A la mañana siguiente, la secretaria llamó a la puerta de Irene con una sonrisa en el rostro:
—Señorita Irene, el señor Robin me ha encomendado llevarla para un chequeo médico.
—Muchas gracias. —respondió Irene.
Ya en el hospital, al ver a Isabel en la zona de extracción de sangre, Irene se sintió algo más tranquila. Tras la extracción, la secretaria acompañó a Irene a desayunar.
—El señor Robin ha indicado que hoy puede tomarse el día libre.
—Está bien.
Irene no puso objeciones. Tenía otros pla