En sus sueños inquietos, el imperturbable Dante reaparece delante de ella ofreciéndole su mano pintada de sombras, mientras el humo y la sangre se derraman detrás de él como un telón.
«Nadie se mete con lo mío, incluyéndola a ella», la profunda voz masculina se desliza en los confines de su psique y se repite, se repite hasta que ella despierta con el pulso disparado, las mejillas encendidas y la entrepierna palpitante.
El cuerpo nervioso de Violetta funciona en modo automático esa mañana. No re