Violetta despierta con una jaqueca intensa acosando cada uno de sus pensamientos, enredada en una bata de dormir y unas sábanas blancas que no son las suyas. El cuarto que vislumbra a su alrededor, con los ojos entrecerrados por la luz del sol, tampoco es su cuarto.
—Mi cabeza... —se queja, llevándose una mano a la frente—. ¡Ay!
El mínimo roce en su nariz dispara una ola de dolor más fuerte en su cara. Su cerebro adormilado registra una tira envolviendo su tabique nasal.
Rueda sobre su espalda y