—Siéntalo.
Jack ya sujetaba el brazo de Vandrese.
Los dedos de Jack se cerraron alrededor de su codo y Vandrese se dirigió hacia donde le indicaba. Por el pasillo. Entró en la primera oficina vacía: una pequeña habitación con un escritorio, unas cuantas sillas, una ventana con las persianas entreabiertas, por donde entraba la luz de la tarde en finas líneas pálidas. Jack lo llevó a la silla frente al escritorio y lo empujó hacia ella. Luego, por detrás, le puso ambas manos en los hombros y lo s