Punto de vista en tercera persona
La oficina estaba silenciosa y solemne, de una forma que hacía que el tiempo se sintiera lento.
Santiago estaba sentado en su escritorio, con ambos codos apoyados en el borde de la mesa, moviendo los dedos sobre el teclado en ráfagas cortas y constantes. Las persianas estaban medio cerradas, y a través de las delgadas rendijas, la luz del sol se filtraba y se extendía sobre sus papeles en largas franjas cálidas. El aire acondicionado zumbaba en algún lugar sobr