El pasillo que conducía a la oficina de Lylah se sentía demasiado silencioso.
Santiago caminaba junto a Jack, a paso firme pero más lento de lo habitual. El aire dentro del edificio traía un ligero aroma a papel y madera pulida. Sus pasos resonaban suavemente contra el suelo, un sonido rítmico que llenaba el pasillo vacío. Algunos empleados los miraron al pasar y apartaron la vista rápidamente, fingiendo haber estado concentrados en otra cosa todo el tiempo.
Santiago tenía la mandíbula apretada