Punto de vista de Santiago
Lylah pasó junto a mí.
Se dirigió al estacionamiento sin mirar atrás, sin siquiera darse cuenta de mi presencia. Sus pasos eran rápidos y decididos, como si tuviera que ir a algún lugar. Entonces, oí que la puerta de entrada se abría con un clic.
Una ligera ráfaga de aire me rozó la piel, fresca y fugaz, con el olor a asfalto y a gases de escape de la calle.
"Señor, su coche está listo."
La voz de Jack interrumpió mis pensamientos. Salió más baja de lo habitual y lueg