Había pasado más de una década desde el incidente y aún lo recordaba bien.
Recordaba que aquel triste día fue al baño y, al volver, vio a Alejandra con dos helados en la mano, comprados para ella y Natalia.
Uno de ellos raspó accidentalmente al pasar un camarero con una bandeja sucia y se manchó un poco de grasa.
Natalia eligió inmediatamente la intacta.
Alejandra solo le frotó la cabeza y se rio, no tiró la sucia para comprar una nueva.
Cuando regresó, le dio el helado de inmediato, sin mencion