Brianna
—¿Todo esto es en mi honor? —Le pregunté a Fabrizio que me acompañaba en el coche junto a otros dos escoltas.
Miré hacia afuera por el cristal de la ventanilla, cuando el coche se detuvo frente a la alfombra roja que indicaba el camino hacia el salón de baile del enorme hotel que se erguía sobre nosotros. Con una sola mirada rápida pude ver que había hombres de seguridad en cada rincón, armados hasta los dientes.
—En realidad es una de las galas de beneficencia organizadas cada año por