Brianna
Incliné la cabeza solo un poco, mientras centraba mi atención en la decoración para evitar caer desmayada cuando mi esposo, el que creía muerto comenzó a moverme con cuidado al ritmo de la música.
El salón con más de trecientas personas bailando era casi como un sueño confuso y seductor, del techo colgaban arañas de cristales rojos que iluminaban tenuemente el salón. Las mesas vestidas de negro, estaban ornamentadas con arreglos de rosas rojas y la orquesta tocaba envuelta en una suave