Maryam retrocedió un paso, como si el mundo entero se moviera sin su permiso. Sentía la respiración agitada, el pecho tenso, y una punzada amarga trepándole por la garganta.
“¿Por qué no recuerdo nada?”, pensó, sintiendo cómo una ola de confusión la sacudía por dentro.
De pronto, una serie de imágenes fugaces estallaron en su mente: discusiones antiguas, lágrimas, su propio corazón rompiéndose en partes que nunca nadie vio.
Llevó una mano a la sien, mareada, como si su propio cuerpo se negara a