- ¿Por qué te rehúsas a hablar conmigo? - preguntó mi guardián con exasperación - en algunas horas nos casamos y tengo que... - se arrodilla con la mirada cristalizada - yo te amo y claro que quiero casarme contigo, perdóname.
- ¿Hablaste con Nelinda? - asintió con un ligero movimiento de cabeza - ¿Cómo quedó todo?
- Si ella es feliz, yo no tengo objeción.
Lo abracé fuerte, aferrándome a su cuerpo. Quería sentir su calor y perderme en aquellas caricias que tanta calma me brindaban.
- Ti