En el piso del almacén abandonado, pensé que terminarían mis luchas, desaciertos, éxitos, fracasos y rodeé mi cuerpo con mis brazos. ¿Era el final?
Quería ver, por última vez al pequeño y a mí ángel, pero en el medio del dolor me sentía feliz. Había librado a los míos de Isabel y su ejército de locos incapaces.
Estaba perdiendo mucha sangre. De repente sentí pasos, escuché voces a lo lejos que se convertían para mí, en el estado en que estaba, en susurros apagados. Sentí que me tomaban en b