Con la respiración acelerada esperaba por las palabras de Isabel. Sabía que era Inevitable el enfrentamiento, no podía dejar que arruinara la vida de la adolescente.
- Te mando la dirección. Quiero un millón de dólares y a ti - dijo - no quiero sorpresas ni que tu noviecito se inmiscuya, sola, Elizabet, porque si no, olvídate de tu cuñada, te quiero aquí en una hora.
- Allí estaré.
Subí a la habitación con rapidez y me cambié de ropa, tratando de buscar la comodidad de los pantalones, par