La nota que el diablo me había mandado era clara. A pesar de estar en prisión siempre estaba hostigándome, acabando con mi paz. Grité con desesperación, tratando de despojarme de toda la angustia que sentía. Me senté en un banco del parque, mientras le hacía torpes señales a Jerry, para que se llevaran al niño. Era pequeño y muy inocente para presenciar mis ataques de ansiedad. Me sentí tan indefensa ante la maldad humana. ¿Por qué el destino se ensañaba conmigo? Cada golpe era la demostración