AVRIL STEEL
Bendita buena suerte, pude atravesar las oficinas sin encontrarme con John. Cuando entré a mi despacho, Alissa me alcanzó con mi café y unas pastillas para mi dolor de cabeza.
—¿Aún no llega nuestro CEO? —pregunté con apatía, la mejor forma de esconder mi dolor.
—No… —contestó temblorosa—. ¿Desea que le llame?
—No, está bien. De hecho… no quiero verlo en todo el día, de preferencia el resto de la semana —dije con amargura antes de dejarme caer sobre mi asiento y comenzar a hoje