AVRIL STEEL
Nos quedamos sobre la cama, dedicándonos miradas profundas y sonrisas llenas de complicidad. Depositó suaves besos en mi espalda y escondió su nariz en mis cabellos, inhalando mi aroma. Me hacía sentir adorada y querida.
Cuando creí que nada podía interrumpirnos, alguien llamó a la puerta. —¿Mami? ¿Estás ahí? —Era Amber, cuando me di cuenta, ya se había pasado por mucho la hora de arroparla.
Salimos de un brinco de la cama, compartiendo risitas tontas, como adolescentes siendo