JOHN FOSTER
—Señor Foster… —dijo mi recepcionista en cuanto me vio llegar.
—¿Qué es tan importante que tuve que salir del trabajo antes? —pregunté levantando una ceja.
Sin emitir ni una sola palabra, me llevó al cuarto de empleados y sobre la mesa acomodó todo lo que le había pedido que tirara. La máscara que usaba para cubrir mi rostro de la mirada de Avril, la tela de seda con la cual la cegaba y el teléfono maltrecho que había arrojado contra la pared hacía unos días.
—Pensé que… —No al