AVRIL STEEL
Abrí los ojos en cuanto escuché que alguien tocó a la puerta. —¡Servicio a la habitación! —exclamaron del otro lado, entonces lo comprendí, ¡ya había amanecido y yo seguía en la habitación de ese hotel!
Quise salir de la cama de un brinco, pero todo me dolía de la cadera para abajo y recordé al hombre de anoche. Las yemas de mis dedos hormigueaban como si volvieran a sentir su piel caliente y sus músculos tensos. Era atlético, no me cabía duda, y sus labios eran suaves y dulces.