DEREK MALONE
Martina y yo abandonamos la habitación después de esa idílica noche. El viaje de negocios tenía que terminar, era hora de enfrentarme a esa asquerosa realidad donde tenía que plantar una enorme sonrisa, lidiar con mi odiosa esposa y soportar a esa impertinente niña. Llegamos a la recepción sin tomarnos de la mano ni intercambiar palabras. Sabía cómo debía comportarse, era una niña obediente a cada cosa que le pedía. ¡¿Por qué Avril no podía ser igual?!
—¿Disfrutó su estancia? —pr