Lorenzo y yo nos reunimos en un restaurante chino del centro de Nueva York. El lugar estaba repleto de gente, había ruido por todas partes y del área de la cocina salían todo tipo de aromas.
Quizá estuviera en una de las zonas más deterioradas de la ciudad, pero era un buen restaurante en el que ya había comido antes. La comida era para morirse, y había sido idea mía encontrarnos allí. Había muchos testigos y muy pocas posibilidades de que ejecutaran a Lorenzo antes de que me dijera lo que nece