—Ayer, después de que salimos del tribunal, recibí una llamada de alguien. Esa misma persona estuvo intentando enviarme mensajes durante todo el juicio, pero nunca respondí. No suelo leer mensajes de números desconocidos. Debieron molestarse por eso, porque al final decidieron llamarme cuando llegamos a casa.
Tenía una expresión seria en el rostro y también estaba preocupado. Intentaba ocultarlo, pero yo podía darme cuenta. Estaba dando rodeos sin decirme realmente cuál era el problema.
—¿Y qué