La cagué. Lo supe en cuanto Serena se negó a contestar cualquiera de mis llamadas. Estaba enfadada conmigo, tenía que estarlo. Ni siquiera podía culparla de nada porque me había pedido que me sincerara con ella y yo había sido demasiado cobarde para hacerlo.
Llamé a Carlos para cantarle las cuarenta. Debería haberme llamado cuando mi madre se acercó a Serena.
—No me vengas con esa mierda. Ella dijo que estaba bien, y tu madre no parecía estar allí para causar problemas.
—Sofía nunca parece ir a