Megan
Su mirada estaba fija en mí mientras me apartaba de su regazo y se ponía de pie con la gracia felina de un depredador.
—Ven aquí —ordenó—. Ayúdame a quitarme la ropa.
Desabroché su camisa y se la bajé por los hombros. Sus manos ya estaban en la hebilla del cinturón; lo deslizó fuera de un solo movimiento fluido, abrió la cremallera y se deshizo de los pantalones y los bóxers. Su polla saltó libre, dura, perfecta y lista.
No pude evitarlo; quería tenerla otra vez en mi boca. Me lamí los l