Mandy
Era sorprendente porque, lógicamente, le habría metido una bofetada a cualquier otro hombre que me hubiera faltado al respeto de esa manera, pero mi coño chorreaba cada vez que lo obedecía. Sus exigencias eran excitantes, por decir lo mínimo. Sin pensarlo dos veces, me acerqué a su entrepierna, torpe, tanteando un poco con la cremallera mientras empezaba a bajársela.
Nunca le había bajado la cremallera a nadie con la boca; me sentía torpe, no dejaba de enredarme y estaba encendida de ver