Mandy
Dio una palmadita en el lado de la cama junto a él.
Caminé descalza hacia la habitación, dejé caer la toalla y me subí a la cama a su lado. Mis piernas se abrieron con facilidad. Él solo me miraba, con una expresión ilegible.
—Levanta las manos —dijo por fin.
Obedecí, levantándolas. Me atrapó las muñecas, guiándolas hacia arriba, hacia los listones de madera del cabecero.
—Agárrate. No te sueltes.
Asentí, y esa sonrisa divertida asomó a sus labios antes de levantarse y ponerse de rodilla