Rowan me soltó al instante. Me quedé mirando mi muñeca. No me había sujetado con tanta fuerza, pero juraría que aún podía sentir la marca de su piel contra la mía, una réplica perfecta de sus cinco dedos y su palma. Miró con dureza mi vaso vacío.
—¿Cuánto has bebido?
Esperaba totalmente esa pregunta, y por eso me había contenido a pesar de los nervios.
—Solo dos. —Sinceramente, me habría venido bien algo más para darme valor—. Ni siquiera estoy un poco achispada.
—¿Te ha drogado ese cabrón? —Em