Había sido una tarde muy luminosa del mes de mayo, de la que ya apenas quedaba luz cuando esperaba en el portal a que llegase el ascensor para subir de vuelta a su piso. Manu se había quedado en la cafetería de abajo, charlando con unos amigos a los que hacía tiempo que no veía; y ella entre que se sentía cansada y aburrida con la conversación, decidió quitarse de en medio. Le gustaba el ambiente de aquella ciudad, tan cálido, tan cercano. Mallorca le gustaba más, sobre todo sus playas, con esa