La excusa perfecta
George había perdido su celular en un descuido monumental. Estaba en una cabina telefónica, un artefacto del siglo pasado, tratando de explicarle a su hermano Andrew cómo alguien había logrado robarle el móvil en pleno siglo XXI.
En medio de la conversación, algo mucho más importante capturó su atención: una silueta. Esa forma de caminar, ese cabello… Era ella.
—Andrew, tengo que colgar —comentó apresurado, casi tropezándose con el cable del teléfono—. Sí, sí, ya sé, compraré