—¡Cómo le pesa el trasero a esta pelirroja!
—Deja de quejarte, Cris, ¿la amarramos al techo del coche?
—Hmm hi… de… —se quejó la usurpadora bajo la sabana vieja.
—Mejor la metemos en el maletero. —Escucharon las risas de varios muchachos detrás de ellos y pudo ver a su amigo tensarse.
—¡Qué guapa estás, sirenita! —Cristian se movió con rapidez dispuesto a enfrentarse a ellos, pero al hacerlo le golpeó la cabeza con la carrocería a la secuestrada.
—¡Ah! —se escuchó el gemido sofocado bajo la mor