Capítulo XXIX

Imanes del destino: Cuando la química nos une

Verónica

Después de disfrutar de un encantador desayuno lleno de risas gracias a las ocurrencias de Charles, lo dejé para que se preparara y pudiera almorzar con la señorita Velmont. Suspiré, deseando que no tuviera que ir, pero su padre ya había decidido su destino. Me encontraba en el comedor, sumida en mis pensamientos y con un libro en mano, cuando escuché pasos descendiendo las escaleras. Levanté la mirada y una sonrisa se dibujó en mi rostro.
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