Salgo del baño con mis pantalones cortos vaqueros y una camiseta blanca. Echo un vistazo al dormitorio, pero Raphael no aparece por ninguna parte. Al menos, si ha salido del dormitorio, no está desnudo... bueno, quizá, con Raphael nunca se sabe.
Se me dibuja una pequeña sonrisa en los labios y se me ocurre una idea. Cojo la loción de la mesilla de noche y bajo al salón. El sonido de la televisión hace evidente dónde está Raphael.
—Hola—, le digo mientras me dejo caer en el sofá a su lado. Me ha