—¿De ninguna manera me voy a desnudar en la maldita cocina? —. le digo.
Raphael sonríe. —¿Quién ha dicho nada de desnudarse? —. Y luego levanta la ceja en mi dirección. —Y si no quieres en la cocina, tengo un dormitorio arriba. Puedes desnudarte allí.
Me quedo con la boca abierta y me asombro. —Acabas de arruinar tanto mi repostería como mi ropa.
Raphael asiente. —Estoy seguro de que te verás mejor sin ropa que con ropa, y en cuanto a tu repostería... bueno, estoy seguro de que sabrás mejor que