Cuando el cigarro se acabó, fue como si las baterías de ella se reactivaran.
—¿Bailas?
—No.
—¡Estás en una fiesta!
—¿Me ves cara de que sé bailar?
—Sí—dice ella, el suelta un bufido.
—¡Solo quiero lo que vine a buscar!
—Vamos, hombre, no seas aburrido —le dijo, sin darle tiempo a reaccionar, mientras tiraba de su mano y lo llevaba al centro de la pista con una fuerza increíble.
—No soy mucho de bailar… —comenzó a decir, tratando de disuadirla, pero ella lo interrumpió con una sonrisa retadora.