—¿Te da miedo que te toque? No pareces una persona tímida, pero sí muy reservado, de todos modos…—dejó una mano en su nuca y avanzó hacia sus labios—. No te voy a pedir permiso, ni perdón.
Los labios de Ivanna se entrelazaron con los de Hugo, suaves al principio, hasta que su intensidad hizo tambalear los últimos restos de reserva que él intentaba mantener. No era su estilo entregarse a momentos efímeros ni ceder al impulso con una mujer que apenas conocía. Sin embargo, aquella desconocida que