Charla nocturna

—¡De verdad! —dijo en medio de risas—. ¡Te lo juro! Así pasó.

—¡¿Pero cómo quieres que te crea que solo la besaste?! —¡era muy pequeño para haber dado su primer beso a esa edad!

—¡Sí! —tocó mi hombro para que lo mirara, dejó la copa sobre la mesita y yo hice lo mismo—. Solo lo hice —dijo ahora sin reírse.

Sus ojos apuntaban en mi dirección mientras esa mirada me hacía sentir muy especial.

¡Claro! Por eso era tan cálida su mirada o su bella sonrisa o lo tonta que yo me sentía ahora en el buen se
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