—¿Quién es? —pregunté.
—Esme Blackwell —respondió Gavin.
Me congelé, los ojos se me abrieron de par en par y la boca se me secó.
—¿Esme Blackwell está aquí para verme? —pregunté, aún más confundida—. ¿Sola?
—Sí, pero no la voy a dejar a solas contigo —dijo Gavin, sin apartar la mirada de mí—. Sea lo que sea que tenga que decirte, puede decirlo delante de mí.
Asentí sin dudarlo, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho.
—Está bien —dije sin pensarlo—. Quiero hablar con ella.
Él asintió, como si hubiese sabido que esa iba a ser mi respuesta, y eso me arrancó una pequeña sonrisa. Sabía que no iba a discutir conmigo por eso.
Gavin se acercó a la puerta y la abrió, luego salió al pasillo y escuché voces murmurando. Y entonces, de pronto, Esme Blackwell entró en la habitación.
Gavin estaba a su lado, observándola con atención, como si temiera que intentara hacer algo delante de él.
—Estás aquí... —susurré, con la incredulidad evidente en mi voz.
Esme asintió. —Lo estoy.
Estaba hablan