Sus labios encontraron los míos y una oleada de calor me recorrió por completo, encendiéndome el rostro. La reacción de mi cuerpo ante él era como si todo fuera nuevo, como si lo estuviera descubriendo por primera vez. Deseé, con todo mi corazón, que esa sensación nunca desapareciera.
Cuando se apartó, vi un destello especial en sus ojos, así que no pude evitar la sonrisa que se dibujó en mi rostro.
—Saldremos después del desayuno —me indicó.
El corazón casi se me detuvo en el pecho.
—Entonces..