Pensé que estaba preparada para lo que Erik tenía que decirme, pero realmente no lo estaba.
Me senté en el asiento delantero, no como la futura Luna ni como la pareja de Gavin, sino como una amiga de Erik.
Y las amigas no se sientan atrás mientras los amigos conducen. Además, era evidente que Erik necesitaba hablar, y era imposible hacerlo si no yo podía mirarlo a la cara.
Guardó silencio casi todo el camino, con los nudillos blancos de tanto apretar el volante. Yo ya estaba emocionalmente agota