Asentí en silencio, reconociendo que Nan tenía razón. Luego volví la mirada hacia Irene, que soltó un suspiro cansado antes de asentir también.
—¿Vas a estar bien? —le pregunté.
Ella asintió con un leve movimiento de cabeza.
—Sí —murmuró—. Estaré bien.
Me giré entonces hacia Gavin, que sostenía dos llaves en la mano. Cuando Irene se acercó, le entregó una con calma.
—También conseguí una habitación para Matthew y para ti —explicó—. Es una suite; cada uno tendrá su propio dormitorio.
Fruncí el ce